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La amplitud del Espiritismo

El Maestro Allan Kardec definió al Espiritismo diciendo: «El Espiritismo es la ciencia que estudia al espíritu, su origen, su naturaleza, su destino, así como las relaciones entre los seres humanos y el mundo espiritual.» De manera que, si el Espiritismo como fenómeno empezó desde que existe la Humanidad sobre la Tierra, como Ciencia empezó con los fenómenos de Hydesville en 1848, y como filosofía empezó con el Maestro Allan Kardec en el año de 1857, al publicarse por primera vez El Libro de los Espíritus. Estos son los tres grandes aspectos del Espiritismo.

Es muy difícil que un Centro pueda abarcar todos estos aspectos, y por esta razón podemos decir que los Centros se dividen principalmente en dos grandes categorías: Centros de investigación científica y Centros de estudios filosóficos y morales.

Pero nosotros debemos considerar que nuestro trabajo debe tender siempre a perfeccionar estos aspectos del Centro, para que cada vez se vaya elevando en calidad moral y espiritual.

Para muchas personas la ayuda espiritual que se realiza en los Centros, como es la ayuda a los enfermos, el consuelo a los afligidos, la solución a los problemas de nuestros hermanos, constituye el ápice, la parte más elevada de la labor de un Centro; sin embargo, nosotros consideramos que no es así; que si bien es una labor muy grande, muy hermosa, muy encomiable, el verdadero y último fin que se persigue en los Centros Espiritistas es el de la evolución moral y espiritual de la humanidad.

Esto es lo que, principalmente, persiguen los espíritus de luz cuando se manifiestan en los Centros Espíritas. Por medio de la ayuda que imparten, atraen a los seres hermanos, pero ellos, los seres de Luz, con la sabiduría  que han adquirido en su evolución, saben aprovechar aquella atracción hacia el Centro para tratar de ir logrando en ellos esa transformación moral y espiritual, que es la que tiene que llevar al espíritu al cumplimiento de su verdadero destino. Consideramos que esta es la parte más trascendente, más grande de la labor de los Centros Espíritas, por eso la fundación de un Centro es de una enorme importancia; es una nueva luz que se enciende en medio de la oscuridad espiritual en que vivimos; pero quizá, más importante que la fundación del Centro, es la preparación que deben tener los Directores del Centro, los médiums del Centro y todos los asistentes, para que así puedan unir esfuerzos, puedan formar un cuerpo, un frente único, y que este frente constituya un avance constante hacia el progreso, hacia la superación en la lucha por esa transformación, porque los mundos, como los seres vivientes, tienen un destino y realizan una evolución.

Los espíritus elevados han clasificado a nuestro planeta Tierra como un mundo de pruebas y expiaciones; es decir, que vivimos aquí todos los habitantes de este mundo porque nos encontramos más o menos a un nivel de evolución  que necesita de pruebas, y un mundo en que tenemos que llevar a cabo expiaciones, los Karmas que hemos acumulado a través de nuestras encarnaciones. Pero la Tierra, como todo lo que Dios ha creado, no está condenada a permanecer eternamente estacionada. La Tierra también tiene que evolucionar; tiene que pasar de un mundo de pruebas y expiaciones a un mundo de  regeneraciones, y para que esto suceda, es necesario que nosotros, los habitantes de la Tierra, los seres humanos, hagamos ese trabajo; que logremos esa evolución, primeramente  en nosotros mismos, para poder ayudar a los demás a realizarlo, y este trabajo, queridos hermanos, requiere mucho esfuerzo, mucha paciencia, mucho sacrificio y voluntad, y si nosotros no estamos dispuestos a realizarlo, entonces estamos retardando nuestro progreso y el progreso de la Humanidad en que vivimos.

El Centro Espírita es un lugar apropiado para realizar este trabajo, ese esfuerzo, ese sacrificio.

El amor de Dios es la felicidad de todos las criaturas, y esa felicidad, queridos hermanos, el espíritu tiene que adquirirla, que conquistarla. Quizá vosotros os preguntáis: «Si Dios es Todopoderoso, y Él quiere esa felicidad para sus hijos, ¿por qué sufrimos tanto?» Sufrimos, queridos hermanos, porque esa felicidad nosotros tenemos que conquistarla para que podamos apreciarla y podamos realmente ser felices. La felicidad, como una dádiva de Dios, no sería apreciada por nosotros. Por ejemplo, Dios nos ha dado el don de respirar y nosotros respiramos tan naturalmente, tan libremente, que no apreciamos ese don divino, no sabemos que respirar constituye para nosotros una felicidad; no lo sabemos, no lo apreciamos porque esa actividad es tan natural que ni siquiera nos damos cuenta de que respiramos. Pero si sufriéramos  una infección pulmonar o de las vías respiratorias y no pudiéramos respirar, entonces nos daríamos cuenta de que respirar libremente es una verdadera felicidad; por esta razón nosotros tenemos que conquistar esa felicidad para que la sepamos apreciar y seamos verdaderamente felices.

La Sabiduría Divina ha previsto todo esto y ha señalado el camino del espíritu tal cual debe ser. Entonces, nosotros, queridos hermanos, debemos identificarnos con los fines Divinos, con la Sabiduría  Divina, y seguir el camino que Él tan sabiamente nos ha trazado. Y si el Centro constituye un lugar de difusión del  Amor de Dios con nuestro amor para todos nuestros hermanos, así convertiremos el Centro en un lugar en que se realice la Ley Divina y se practique la verdadera fraternidad universal: Ésta será la única forma de lograrlo y que la Humanidad vaya perdiendo su primitivismo, saliendo de la oscuridad en que actualmente se encuentra, abandonando las condiciones materiales, los vicios, las guerras, para que este mundo nuestro en que hoy vivimos, llegue a ser ese mundo luminoso y feliz de regeneración del espíritu, en que los hombres y los pueblos vivan pacíficamente, amando dentro de la verdadera fraternidad del trabajo humano, y convirtiendo en un verdadero himno el progreso universal.

Textos de Pedro Álvarez Gasca
Transcrito por José Mª Sierra

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