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Slow food – Vivir en armonía con el entorno

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¿Qué es el movimiento “Slow”? 

Son todavía, movimientos minoritarios, pero empiezan a hacerse oír en distintos países del mundo y constituyen ya una  nueva filosofía, un estilo de vida diferente. La legión de partidarios de resistir la aceleración del siglo XXI y darse un respiro crece y se organiza bajo una seña común: disfrutar de un tiempo de calidad.

Sus precursores no pretenden parar el reloj ni rechazan los “milagros” tecnológicos y científicos de la sociedad moderna. Simplemente tratan de evitar ser devorados por el tiempo e intentan tomárselo a sorbos, saboreando.

El movimiento antiprisas sin ánimo de lucro, surgió en Roma en 1986 en la pequeña ciudad de Bra, cerca de Turín, en Piamonte, del cual es fundador Carlo Petrini. Esta filosofía, debe su origen a la protesta llevada a cabo por el citado periodista, ultrajado por la apertura de un restaurante de comida rápida junto a la escalinata de la Plaza de España en Italia. En este momento nació la conciencia de proteger la alimentación tradicional, basada en la biodiversidad, frente al imperio de la comida rápida. Ese mismo año, en París se dio nombre al movimiento y se diseñó su logo, a partir de la imagen de un caracol. Actualmente, Slow Food agrupa cerca de 1.000 asociaciones llamadas “convivias” y cuenta con más de 80.000 miembros en 104 países de los cinco continentes, como por ejemplo Brasil, Australia, México, Japón, Líbano…

El concepto  de Slow no se debe entender sólo como invitación a la comida lenta, comer despacio, sino también a los trabajos del campo y a los productos que necesitan tiempo para brotar y crecer en sus temporadas, al igual que un queso, un destilado, un vino, necesitan tiempo para envejecer, o un fruto para madurar. Por parte del artesano, del campesino, del viñador, debe saber esperar con paciencia y respetar los tiempos que la naturaleza necesita para cada producto completando así su entera formación, y saber decir basta ya a la aceleración artificial de los procesos de crecimiento, como los tomates (y otros vegetales también) que nunca vieron la tierra porque son cultivados con sus raíces al remojo de agua y antibióticos… Dicho esto, podemos decir, que la filosofía Slow defiende y preconiza alimentarnos a base de productos naturales, tradicionales, locales, artesanales… o dicho de otra forma, productos ecológicos, biológicos…, pero por razones más ecológicas y éticas que por motivos nutricionales o gustativos, aunque éstos también son de gran importancia.

Y es que esta actitud lenta, aplicada al trabajo, no tiene porque significar menor productividad sino por el contrario un trabajo de mayor calidad, más atento a los detalles y desarrollado en un ambiente más flexible y estimulante. De este modo se consigue mayor eficacia e implicación de los trabajadores, que además al terminar la jornada se encuentran en mejor disposición de disfrutar la vida. Se trata de vivir el presente.

A raíz del nacimiento de Slow Food, nació la idea de crear las Slow Cities o Convivias, que serían la Ciudades lentas. Las Slow Cities están formadas por habitantes que llevan a cabo la filosofía Slow. Dichos habitantes, disfrutan de su entorno natural como algo maravilloso, y valoran mucho pequeños placeres tales como comer tranquilamente, o dialogar o mejor aún hacer ambas cosas a la vez. En las ciudades lentas, no hay lugar para la prisa y se trata de fomentar la creación de una conciencia más humana.

¿Qué es una Slow City o Convivia y cómo ser una de ellas?

Para que una ciudad se pueda convertir en Convivia, deben de cumplir una serie de pautas. La población no puede sobrepasar los 50.000 habitantes, ni ser una capital y además se deben cumplir una serie de requisitos en seis planos diferentes: legislativo, medioambiental, infraestructura política, ciudad urbana, productos locales, hospitalidad con los visitantes y conocimiento sobre las actividades de la localidad.

Lo que todas las Slow Cities tienen en común es la voluntad de construir un espacio más humano, con medidas que van desde sistemas de aire que controlan la polución a iniciativas para animar a la protección de los productos y la artesanía locales o planes para eliminar ruidosas alarmas, mediante programas de seguridad alternativa.

Aunque todas las localidades tengan una misma meta, cada una cuenta con sus particularidades. Por ejemplo, la Convivia de Río de Janeiro, creada en Noviembre de 2000, suma a su actividad de proyectos sociales como la Mesas Fraternales que ayudan a las comunidades más necesitadas en el plano alimenticio. Una de ellas es la del Hospital de Porto Velho donde por ejemplo, los pacientes son alimentados con su comida tradicional.

Leyendo este artículo podríamos decir que esta nueva forma de vida sólo cambia la forma de alimentarnos físicamente: de saber escoger bien los alimentos, de saberlos saborear… pero, desde un punto de vista más espiritual, vemos que estos pequeños movimientos que se van formando, son muy positivos para la humanidad, porque fomentan el respeto a la Naturaleza, o generalizándolo más, a  nuestro planeta Tierra. El vivir con más armonía y serenidad, respetar los procesos naturales aprendiendo a ser más pacientes… esto, es lo que va a ir formando al hombre para que poco a poco vaya acercándose a su perfeccionamiento moral y viva más acorde con la Buenas, Justas y Sabias leyes de Dios.

Para que veamos la repercusión y la importancia que tiene el estado espiritual a la hora de alimentarnos físicamente, el Maestro Omraam Mikhaël Aivanhov, en su libro “El yoga de la nutrición” nos dice:

 

“Tomemos una fruta… sin detenernos en su color, perfume o sabor, consideremos esta fruta impregnada por los rayos del sol: es una carta escrita por el Creador, y todo depende de la forma en que nosotros leamos esta carta. Si no sabemos leerla no sacaremos ningún provecho, lo cual es una pena.

Mirad con que fervor los jóvenes, cuando reciben una carta de la persona a quien aman, la leen, la vuelven a leer y la conservan cuidadosamente. Pero la carta del Creador la echamos al cesto, no merece ser leída. El hombre es el último en descifrar esta carta, los animales están más atentos que él. […]

La nutrición es una carta de amor enviada por el creador que es necesario descifrar. Yo veo que es la carta de amor más poderosa, la más elocuente, puesto que ella nos dice: Se os ama… se os da la vida, la fuerza…. La mayor parte del tiempo los humanos tragan todo sin haber descifrado nada de esta carta en la cual el Señor también escribió: Hijo mío, quiero que llegues a ser perfecto, que seas como esta fruta sabrosa. Por el momento eres áspero, ácido correoso, no estás todavía preparado para ser saboreado; por lo tanto, debes instruirte. Mira esta fruta: si ha llegado a la madurez es porque ha estado expuesta al sol. También tú debes exponerte al sol, al sol espiritual; él se encargará de transformar en ti todo lo que hay de ácido, de indigesto y también te proveerá de hermosos colores Esto es lo que nos dice el Señor a través de los alimentos. […]

Mientras comemos, la comida nos habla, porque los alimentos son luz condensada, sonidos condensados. Si tenéis siempre el pensamiento ocupado en otra parte, no podréis oír esta voz de la luz. La luz no está separada del sonido; la luz canta, la luz es una música… Es necesario llegar a oír la música de la luz; esta música habla canta, es el Verbo Divino.[…]

Aunque la naturaleza ve a los hombres adormecidos e ignorantes, es tan generosa que se dice: Tanto si son inteligentes, conscientes, como si están aletargados, yo haré que el alimento les dé fuerzas para que puedan mantenerse con vida. Al igual que los animales, todas las personas inconscientes llegan a subsistir gracias a la comida, eso es evidente, pero ésta no les hace crecer espiritualmente. Sólo sienten un bienestar físico.

Cuando se trata de recibir las partículas alimenticias más sutiles hay que estar consciente despierto, lleno de amor. Entonces, el organismo entero está dispuesto a recibirlas de una manera tan perfecta, que el alimento, a su vez, se siente emocionado por ello y vierte sus riquezas escondidas. Si vosotros sabéis acoger a alguien con mucho amor, se abre y os lo da todo; si lo recibís mal, se cierra. Exponed una flor a la luz, al calor, y se abre, da su perfume; dejadla en el frío, en la oscuridad, y se cierra. Los alimentos también se abren o se cierran según nuestra actitud, y cuando se abren nos ofrecen sus energías más puras y divinas.”

Bibliografía

-Textos extraídos de internet

– El yoga de la nutrición, Omraam Mikhaël Aivanhov, Ediciones Prosveta 1ª edición

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