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Diálogo entre maestros

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¿De qué modo podemos aportar más inteligencia a nuestras emociones, más paz entre nosotros y más amor a nuestra vida?

Ninguna pregunta queda por responder cuando el corazón quiere escuchar. En los estudios prácticos del Espiritismo nos ofrecen hallar un equilibrio interno, que se basa en la reforma del carácter, para aprender a vivir en armonía con nosotros mismos, en armonía con los demás, en armonía con el Infinito.

Inicia el diálogo Kardec:
«Antes de hacer la obra para los hombres es preciso formar a los hombres para la obra, del mismo modo que se adiestran los operarios para después confiarles una tarea determinada. Así, nos aseguraremos de la solidez de los materiales que vamos a emplear, aquí, los materiales son el propio hombre. »1

Interviene Aivanhov:
«El ser humano, como toda criatura viviente, tiene necesidades que satisfacer, e incluso es así como se define: por sus necesidades. Vivir es satisfacer estas necesidades. La diferencia entre los seres radica en el terreno, en el plano en que cada uno trata de satisfacerlas.
»Quien piense que puede encontrar la felicidad en el plano material, se decepcionará, porque al descuidar las necesidades de su alma crea un vacío interior que no podrá llenar, en tanto no busque la verdadera vida espiritual que está en él. »2

Leon Denis expresa la misma idea pero de diferente forma:
«El que descuida las necesidades del alma crea un vacío interior, pues no comprende cuáles son sus verdaderas necesidades. Cuando uno no sabe pensar, vive siendo el juguete de su propia ilusión. El hombre ha de aprender a utilizar su mente como haría con cualquier herramienta. Y cuanto mejor comprendemos y conocemos nuestras herramientas, mejor trabajamos.»3

Aïvanhov especifica:
«Una verdadera educación no está dirigida a una etapa determinada de nuestra vida. La educación basada exclusivamente en el raciocinio, es una educación que forma seres sistemáticos, limitados y retrógrados. El hombre no sólo ha de educar su mente, también su corazón para que sepa conectar con el Infinito. No es buscando la felicidad y la estabilidad fuera de sí mismo como se desarrolla un equilibrio interno.»2

Goleman también participa desde su libro Inteligencia Emocional:
«El equilibrio no lo proporciona acumular conocimientos. En la vida el equilibrio depende en primer lugar del carácter, no de la instrucción. Los libros, el ordena, la tele, son un mundo abstracto que la presente generación vive intensamente, pero la vida no es plana, es dimensional, nos permite no sólo adquirir experiencia, también asimilarlas, para de esta forma poder integrarlas a nuestra naturaleza.»

Pestalozzi asiente: «Está muy bien que a un niño se le haga leer, escribir y repetir las cosas, pero todavía es más importante enseñarle a pensar. Lejos de atormentarse con la embrollada
cuestión de si hay ideas innatas, uno se sentirá satisfecho desarrollando las facultades innatas del entendimiento. Este conocimiento se adquiere a lo largo del camino de la vida, lo que descarta la presunción del ignorante y la ligereza de un saber superficial, en el cual el educador no se limita a actuar sobre el alumno, sino que procura que éste actúe en su propia educación, para lo cual no sólo tiene que memorizar y repetir, lo que tiene que hacer es observar y reflexionar.»7

Leon Denis corrobora:
«Tan esencial como saber leer, escribir y calcular es aprender a gobernarse, a conducirse como un ser consciente. Los estudios, por sí solos no hacen mejores a los seres, mas sí los conocimientos en manos de aquellos que han trabajado sobre su carácter. A través de un buen pensar modificamos constantemente nuestra naturaleza íntima. Somos nosotros los que pensamos y sin embargo pensamos raramente por nosotros mismos. Pocos hombres saben vivir de su pensamiento. El control del pensamiento arrastra el control de los actos. »3

Aïvanhov mantiene que una educación comprometida es aquella en la que educamos, educándonos:
Está claro, «aquel que pretende educar sin educar sus palabras suenan a hueco, no vibran con la fuerza de la propia convicción, producto del propio esfuerzo realizado sobre sí mismo; las impondrá, pero no las transmitirá de corazón a corazón, de esta forma en el momento oportuno germinarán un día, darán su fruto, pues quedan grabadas en el alma del que las recibe, cuando éste participa de esa transmisión. Porque el deseo de  comunicarse sólo puede realizarse si se cumple, al menos, una condición: que el que recibe el conocimiento se muestre atento, receptivo y que manifieste su confianza con respecto al que está dispuesto a instruirle, escuchándole, y para ello tenemos que abrir nuestro corazón.»2

Pestalozzi exhorta a un saber basado en el propio aprendizaje:
«Siempre confiaré más en el saber adquirido por la experiencia y el esfuerzo que en las especulaciones de un filósofo ingenioso. El sentido común y un corazón generoso llegan más lejos que un entendimiento cultivado, frío y calculador. Ésta es una tarea que pone en juego todas las fuerzas de su espíritu, tanta es la satisfacción que halla en su obra que nunca se le ocurrirá abandonarla.»7

Aivanhov plantea que el camino del progreso no está exento de peligros:
«Me asombro al constatar que personas a las que nunca se les ocurriría hacer la ascensión de una montaña sin guía, se lanzan sin más, a la exploración del mundo psíquico, por eso hay tantos trastornos emocionales y tantos desengaños. Desde el principio del camino una cosa es esencial: hay que prepararse a trabajar practicando ciertas cualidades y virtudes: el amor, la humildad, la obediencia… Incluso para meditar se precisan unas condiciones previas, la meditación está de moda, pero esa meditación no aporta nada sin antes haber vencido ciertas debilidades y haber comprendido ciertas verdades, es hasta peligroso para uno intentarlo.
Ningún ejercicio del pensamiento se queda sin resultado. Siempre hay resultado. Sin embargo, estos resultados son, a veces, deplorables. ¿Por qué? Porque ha removido los elementos de su mundo interior sin purificarlos, sin organizarlos. Tienen prisa, lo quieren todo pero sin grandes esfuerzos, que otros lo hagan por ellos, lo cual es un error que a veces se paga muy caro. Lo esencial no es ser inteligente, rico, poderoso; lo esencial es estar bien guiado.»2

Annie Besant manifiesta en El Sendero del discipulado:
«El verdadero discipulado entraña conocimiento y devoción, a fin de que por el conocimiento pueda ver el hombre el sendero y por la devoción adquirir las cualidades morales para hallarlo, porque así lo requiere la experiencia de los maestros en su aleccionamiento a la humanidad, etapa tras etapa, en el transcurso de millares de años.»

Aïvanhov nos anima a renovar nuestro compromiso diario:
«Cuando se busca la verdadera vida, Dios nos conduce hasta los seres que puedan orientarnos. Con un Maestro os sentís continuamente estimulados; él tira de vosotros sin cesar, con sus palabras, con su ejemplo. Desde luego esto no impedirá que caigáis nuevamente en vuestros errores, pero en cada ocasión volveréis a tomar buenas resoluciones, y un día, la fuerza producida por esas resoluciones será la que domine. Hay que conocer el poder de una decisión. Desde el día en que, porque su Maestro le ha mostrado los peligros del camino que está siguiendo, un hombre decide sinceramente cambiar, esta decisión se inscribe dentro de él y le sitúa en un nuevo punto de partida. Aunque aún no lo vea, lo que se ha inscrito un día dará resultado. Ésta es la utilidad de un Maestro.»4

Kardec nos recuerda que nadie camina solo:
«Todos los hombres tienen un Espíritu que les dirige hacia el bien cuando saben escucharle. Es una voz que habla a vuestra alma, pero que vosotros no la comprendéis siempre, la voz íntima que habla al corazón es la de los buenos espíritus que eleva al hombre y le acerca a Dios. Escuchad, pues, a esa voz interior.»1

Trine expone de forma sencilla y clara su pensamiento en En Armonía con el Infinito:
«Maestro de la Verdad es aquél que se esfuerza en llevar al discípulo al verdadero conocimiento de sí mismo, y por lo tanto al de sus fuerzas interiores, a fin de que sea su propio intérprete. Quien así lo anhele debe despojarse de toda presunción, los prejuicios, las ambiciones y creencias preconcebidas atrancan la puerta para que no entre la Verdad.»

La iglesia, para seguir nombrándose intermediaria de Dios en la Tierra, ha trabajado para acallar la Verdad en el corazón de los hombres. El poder establecido para mantener sus privilegios, entierra con ella las libertades.
El ser consciente de que su progreso depende de su trabajo interior, no se deja manipular, elige aprender a respetar las diferencias y bajo una buena Dirección Espiritual, trabaja por la paz, empezando por sí mismo.

Kardec así lo pone de manifiesto:
«De todas las libertades, la más inviolable es la del pensar, que incluye así mismo la libertad de conciencia. Anatematizar a los que no piensan igual que nosotros es exigir esa libertad para uno mismo y negarla a los demás, lo que pone de manifiesto que damos más importancia a la forma que al fondo, lo cual sólo crea hipócritas. La Verdad es como el sol: disipa las tinieblas. La Verdad está segura de sí misma, convence, no persigue, ni impone, porque el error no puede prevalecer sobre la Verdad cuando se hace la luz en las inteligencias. »1

Aïvanhov lo expresa de esta forma:
«Todos los conocimientos deben llevarnos hacia Dios, hacia la comprensión del sentido de la vida. Toda educación debe llevar al ser a reconocerse inmortal y perfectible.»
La voluntad por sí sola no es suficiente, es preciso el amor por algo más elevado, es preciso el amor por un alto ideal. Sí, es preciso aprender, pero sin luchar ni con vosotros mismos, ni con los demás, sólo teniendo presente nuestro amor por un alto ideal podemos vencer.
«El estudio de la vida es un estudio sin fin. Una vez se ha comenzado, se siente que nunca puedes detenerte. Aprender a recibir y comunicar vida es mi trabajo, mi deber. Me veo obligado a trabajar sobre mi propia vida para sentir que pertenezco a la Vida Universal. »2

Kardec unifica todos los pensamientos en uno solo:
«El Amor es de esencia Divina, el amor al prójimo es algo que existe en el corazón y no será un sistema social, ni una técnica, el que lo engendre, si ahí no se encuentra. La Ley de Amor reemplaza a la personalidad por medio de la fusión de los seres, por la Ley de Amor nos hacemos útiles instruyéndonos a nosotros mismos. »5
Todo Maestro ha tenido un Maestro que ha aprendido a escuchar, que le ha enseñado a amar la Vida que vibra más allá de esta vida transitoria. Krishnamurti lo expresa en este pequeño poema:

«Quien la palabra del Maestro anhele,
De sus mandatos póngase en escucha
Y entre el fragor de la terrena lucha,
La escondida Luz atento cele.
Sobre el inquieto y mundanal ruido
Del Maestro atisbe la señal más leve,
Y oiga el susurro que su Voz eleve
Del mundo entre el rugiente griterío. »6

El pensamiento es el principio de la unión universal, el cual hace posible el presente diálogo.
¡Unamos nuestro pensamiento a la Armonía Universal!

 

Bibliografía

1 Kardec. El libro de los médiums. Ed. Amelia Boudet.
2 Aïvanhov. Un futuro para la juventud. Ed. Prosveta.
3 Leon Denis. El problema del ser y del destino. Ed. Amelia Boudet.
4 Aïvanhov. ¿Qué es un maestro espiritual? Ed. Prosveta.
5 Kardec. El evangelio según el espiritismo. Ed. Amelia Boudet.
6 Krishnamurti. A los pies del Maestro. Ed. Kier.
7 Pestalozzi. Cartas sobre la educación infantil. Internet.

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