Biografía Gustavo Geley

  • Ensueño o recuerdo
  • El Instituto Metapsíquico Internacional; La Revue Métapsychique; sus trabajos
  • Obras

Gustave Geley nació el 13 de abril de 1868, en Montceau-les-mines (Francia). Hizo brillantes estudios médicos en la Facultad de Lyon, en calidad de interno en los Hospitales; a partir de 1894 ejerció la profesión médica en Annecy hasta 1918. Por sus cualidades profesionales y su gran actividad, en el curso de la Guerra Europea (1914-1918), fue designado Secretario de la Oficina de la Comisión Sanitaria de Higiene de las Naciones Aliadas. En este período conoció al Profesor Rocco Santoliquido, Jefe de los Servicios Sanitarios de las tropas italianas; el interés de ambos por las investigaciones psíquicas creó entre ellos un fuerte lazo de unión. (Geley le dedicaría, en 1924, su libro Del Inconsciente al Consciente).

Ensueño o recuerdo

Antes de seguir adelante con esta reseña, queremos hacer referencia a un recuerdo/visión que le tuvo preocupado en su infancia, y del que solamente tuvo una «verosímil» explicación años después, al entrar en el conocimiento y estudio de la fenomenología psíquica. El relato que hace Geley de este recuerdo, lleva fecha 3 de octubre de 1916 y, con otros documentos, lo confió al Profesor Santoliquido. Jean Meyer lo incluyó en su Prefacio a la tercera edición francesa (1925) de Ensayo de revista general y de interpretación sintética del Espiritismo. El relato es el siguiente: «En mi primera infancia tuve siempre la obsesión de una visión que tenía todos los caracteres del recuerdo. »Esta visión, aunque atenuada más tarde, no se ha borrado nunca de mi espíritu, y aún tiene para mí el valor de un hecho. »Antes de describirla, he de decir que está ligada a otro recuerdo, éste cierto, de las seis primeras semanas de mi vida. »Durante estas seis semanas, mis padres vivían en la población de Montceau-les-mines, muy cerca de la línea del ferrocarril, que pasaba por delante de nuestra casa y se marcharon de allí para irse a vivir a Genève (Suiza), cuando yo acababa de cumplir un mes y medio. »Pues bien, cuando algunos años más tarde yo pasaba delante de una vía férrea, el recuerdo de la que había visto durante los primeros días de mi vida, me volvía a la memoria de una manera irresistible, muy rápida; yo había contado estas reminiscencias a mis padres. Ello les sorprendió, pero no pudieron dejar de confirmar el hecho de que nuestra casa, en Montceau, estaba situada, como yo decía, al lado de la línea del ferrocarril. »Pero cuando yo les dije que la visión unida a este recuerdo era anterior a mi estancia en Montceau, es decir, antes de mi nacimiento, mis padres me contestaron que aquello era un absurdo. »Para mí, sin embargo, la visión era clara y precisa. Se imponía a mi espíritu como un recuerdo indiscutible, aunque fuese incapaz de explicar y de comprender este recuerdo. »La visión quedó, pues, como un enigma para mí, enigma en el que pensaba muy a menudo, hasta que comencé a estudiar los fenómenos psíquicos. »Entonces fue cuando adquirí, espontáneamente, la singular convicción de que la visión era el recuerdo de mi nacimiento. »Sé todas las objeciones que pueden hacerse a esta idea. Objeciones de todas clases que yo mismo me hago. Pero mi impresión íntima, irresistible, es totalmente otra. Yo creo, a pesar mío, en la realidad de un recuerdo.» Veamos el hecho: «Me veo, con toda claridad, como si estuviera presto a partir para un largo viaje. Estoy rodeado de amigos que me dicen adiós. No tengo ningún recuerdo de los rasgos de estos amigos, ni de su personalidad, ni de los pensamientos intercambiados. Están todos vestidos de blanco y yo también. Todos estamos en plena luz. (Los detalles que subrayo, han quedado grabados, con una particular intensidad en mi espíritu.) Pero es necesario partir; todos se muestran solícitos a mi alrededor. »De repente, me parece que caigo en un precipicio muy negro, en total oscuridad. Me siento llevado como por un torbellino. Toda luz ha desaparecido. Caigo y ruedo, irresistible y dolorosamente. »Después, de repente, veo luz, pero una luz vaga, indistinta. Siento una impresión de caída, de pena, de sufrimiento. Después, el olvido completo de todo lo que sigue. »Esta tercera escena es muy corta y menos precisa que las dos anteriores.» Ésta es una de tantas y tantas experiencias espontáneas de percepción personal que, unas tras otras, en mayor o menor grado, van jalonando la fenomenología paranormal, en dirección hacia una conclusión general: la preexistencia y supervivencia del espíritu al nacimiento y muerte del cuerpo físico.

El Instituto Metapsíquico Internacional; La Revue Métapsychique; sus trabajos

Hacia 1895-1896, Gustave Geley ingresó como miembro en la la Société d’Études Psychiques, de Genève (Suiza). Sus estudios e investigaciones dieron lugar a la publicación, en 1897, de su primera obra: Ensayo de Revista General y de Interpretación Sintética del Espiritismo. La publicó bajo el pseudónimo de Dr. Gyel, aunque, por la simplicidad de esta variante, sin duda no fue un secreto para los que le conocían. En 1899 publicó El Ser subconsciente, que es una síntesis explicativa de los fenómenos oscuros de la psicología normal y paranormal. En los años 1900 y 1901 Geley impartió una serie de conferencias en la Universidad de Annecy, donde ejercía como médico, desarrollando las tesis planteadas en sus dos obras anteriores. Estas conferencias fueron recogidas en un volumen bajo el título Las pruebas del Transformismo y las enseñanzas de la doctrina Evolucionista. La revista italiana Filosofía de la Ciencia publicó en 1913 una encuesta sobre la Reencarnación en la que participó el Dr. Geley, constituyendo una magnífica exposición y argumentación a favor de la Reencarnación. A finales de 1913 Geley pronunció una importante conferencia: «Contribución al estudio de las correspondencias cruzadas». Según Geley: «El objeto de estas experiencias es eliminar en lo posible la hipótesis Telepática como explicación de los conocimientos inesperados que aparecen en los mensajes de los médiums. A tal fin, los mensajes, en lugar de ser transmitidos íntegramente a un solo médium, lo son, por fragmentos, a médiums diversos, alejados los unos de los otros, no teniendo relación entre sí y a veces sin conocerse siquiera.» Los trabajos que atrajeron sobre él la atención de los metapsíquicos datan de 1916, época en que comenzó, en colaboración con Mme. Vison, una serie de experimentos con la médium Eva Carrier. Experimentaciones que prosiguieron hasta 1918. A principios del año 1919, por iniciativa de Charles Richet, Rocco Santoliquido, consejero de estado de Italia, y Gustavo Geley, y con el básico apoyo financiero de Jean Meyer, se fundó en París el Instituto Metapsíquico Internacional (I.M.I.), que fue reconocido aquel mismo año de utilidad pública por el gobierno francés, y vino a representar en la Europa continental el papel que desempeñaba en Inglaterra la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, fundada en 1882, coordinando con ella los más avanzados estudios sobre la fenomenología psíquica. En aquella época, grandes hombres integrabandicha sociedad: Camille Flammarion, Conde Gramont, Dr. Colmette, Júlio Roche, Dr. Treissier, Sir Oliver Lodge, Prof. Ernesto Bozzano y Prof. Meclainche. Durante la gestión del Dr. Geley, el Instituto de Metapsíquica sufrió una campaña de difamación, desencadenada por los jesuitas, entre ellos el Padre Lucien Roure, por la simple razón de que Gustavo Geley, entonces apasionado por la clarividencia, concedía a los fenómenos de ectoplasmia (materializaciones totales o parciales), primordial importancia, para los cuales contaba con la colaboración de grandes médiums. Los teólogos veían en estos fenómenos la destrucción definitiva del dogma de la inmaterialidad del alma, sustentado por la Iglesia Católica. Toda la estructura del alma y de aquello en que ella se convierte, forjada siglo tras siglo por la teología dogmática, se diluía en el laboratorio del Instituto de Metapsíquica, entonces dirigido por Gustavo Geley. Geley publicó en la famosa revista quincenal francesa La Pensée Française, de Estrasburgo, varias crónicas que alcanzaban gran espectación en la ciudad. Estas crónicas fueron luego interrumpidas debido a las protestas de las autoridades clericales dirigidas al director de la revista. Geley hizo venir de Polonia al célebre médium de materializaciones Franek Kluski, emprendiendo, con este extraordinario sujeto resonantes experimentos de ectoplasmia. En ese mismo año, 1919, Geley publicó su obra magistral: Del Inconsciente al Consciente. En ella presenta una síntesis de la Evolución en sus dos aspectos: espiritual y biológico; es decir, evolución de la psiquis (alma) a través de las vidas orgánicas sucesivas (reencarnación), y transformación consecuente de las formas vivientes. Al año siguiente, en 1920, se creó la Revue Métapsychique, bajo la dirección de Geley. La honestidad de Geley no era puesta en duda por nadie; así es como no vaciló en desenmascarar a varios de los sujetos con que experimentó, entre ellos el sensitivo Erto, al sorprenderle en fraudes o teatralizaciones. Así es como, a la cabeza, conjuntamente con Richet, del I.M.I., y a pesar de los ataques violentos de la ignorancia y de las maledicencias, dio un enérgico impulso a la investigación metapsíquica, siendo el alma de todo un movimiento renovador de la ciencia nueva en el mundo entero. Entre 1921 y 1923 realizó con el médium Guzik una serie de experiencias y demostraciones que dieron lugar al llamado «Manifiesto de los treinta y cuatro», en el cual altas personalidades de la Ciencia dieron fe de la realidad de los fenómenos obtenidos en condiciones de control irreprochable. También en esta misma época realizó, en Varsovia y París, una serie de experiencias decisivas de «criptestesia» («clarividencia», en sentido general), con el sensitivo polaco Ossowiecki; experiencias a las que hace referencia en su último libro, La ectoplasmia y la clarividencia. En 1924 publicó La ectoplasmia y la clarividencia, en la cual expuso sus experiencias más concluyentes sobre la fenomenología psíquica en su doble aspecto -psíquico y espiritista-, tanto de efectos físicos como intelectuales. 14 de julio de 1924: Desencarnación de Geley. Pocas semanas antes, Geley había ido a Praga, con el objeto de impartir unas conferencias y verificar nuevas experiencias. De Praga se trasladó a Polonia, donde experimentó con varios médiums, especialmente con Jean Guzik, con quien obtuvo nuevos moldes en parafina, que se disponía a llevar a París. Al proponerse regresar a París se encontró con la negativa de dos pilotos, pues también era fiesta en Polonia; al final encontró un tercero, Jorge Clement, que consintió en ponerse en marcha. Apenas el avión había alcanzado altura, se precipitó al vacío. Piloto y pasajero desencarnaron en el accidente; los moldes de parafina quedaron pulverizados.

Obras

Ensayo de Revista General y de Interpretación Sintética del Espiritismo (1897). Constituye una excelente síntesis de la Ciencia Espírita. «El Espiritismo, cuya revista general hace Geley, es el recopilado y ordenado por Kardec en sus obras, calificadas, no sin razón, de fundamentales.» (Quintín López Gómez.) El ser subconsciente (1899). En esta obra ratifica sus conclusiones sobre la presencia en el ser corpóreo de un psiquismo, independiente del cuerpo, preexistente y sobreviviente al mismo, que evoluciona hacia una mayor consciencia a través de múltiples existencias corporales. A la vez, Geley desarrolla un estudio sobre las actividades del ser subconsciente, mejor dicho, del ser en su fondo subconsciente: hechos oscuros de psicología normal, hechos oscuros de psicología anormal, teoría sintética de la psicología según las nuevas nociones. Sin duda, podrían hacerse ciertas observaciones y ampliaciones a algunos puntos, debido al mayor conocimiento, hoy existente, sobre Psicología; pero las líneas generales del «ser subconsciente» permanecen (como todo el Espiritismo) inalterables, sin real explicación por la psicología materialista. En una segunda parte de la obra Geley presenta un «Bosquejo de una filosofía idealista basada en las nuevas nociones», bosquejo que es toda una condensada exposición. Del Inconsciente al Consciente (1919). Presenta una síntesis de la Evolución en sus dos aspectos: espiritual y biológico; es decir, evolución de la psiquis (alma) a través de las vidas. Profundiza Geley su pensamiento, demostrando con una lógica sin par, la total insuficiencia de las teorías materialistas de la evolución, en Biología, Fisiología y Psicología; pues solamente puede comprenderse la Evolución si lo que evoluciona (la «psiquis», el «alma», el «dinamo-psiquismo», como también lo llamaba Geley), persiste a través de las diversas formas. La ectoplasmia y la clarividencia (1924). En esta obra figuran las experiencias con Stephan Ossowiecki, así como las experiencias de «moldes de manos materializadas» obtenidas con Franek Kluski, realizadas, en ocasiones, conjuntamente con Charles Richet. El origen paranormal de estos moldes, como el de tantas y tantas experiencias, se impone de manera ineludible, ya se trate de un origen «mental» del propio médium, ya se trata de espíritus desencarnados.

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