Biografía Gabriel Delanne

  • Los padres de Delanne
  • De la infancia a la edad madura
  • Su salud, su vejez, su desencarnación
  • Sus obras
  • Apéndice

Los padres de Delanne

François-Marie-Gabriel Delanne nació en París (21, rue du Caire), el día 23 de marzo de 1857.

Pocos días después, el 18 de abril, salió a la luz El Libro de los Espíritus.

Su padre, Alexandre Delanne (nacido en 1830), y su madre, Marie-Alexandrine Didelot, tenían una modesta tienda de artículos de higiene.
Viajando por razones de negocios, Alexandre Delanne oyó un día, en Caen, hablar por primera vez de Espiritismo. Acogió con escepticismo las afirmaciones que le hacían en relación al alma humana, su supervivencia, su manifestación después de la muerte y su evolución a través de las vidas sucesivas.

Sin embargo, de regreso a París, confió a su esposa sus preocupaciones sobre los serios problemas que sus conversaciones en Caen transformaban en más agudos. Mme. Alexandrine Delanne, impregnada intuitivamente de las nociones del nuevo espiritualismo, persuadió vivamente a su marido para que adquiriese El Libro de los Espíritus y El Libro de los Médiums.

Al momento, la lectura en pareja de estas obras fue muy rica en enseñanzas. ¡Cuántos ecos de sus propios sentimientos, de sus aspiraciones, descubrieron en sus páginas! Tantos, que inmediatamente no tuvieron más que un deseo: el de conocer a Allan Kardec. Fueron, pues, al Pasaje Sainte-Anne, 59; siendo acogidos por el Maestro con esa sencillez tan atrayente que, en los seres valerosos, es el signo de sus cualidades de corazón y de inteligencia.

Estudiantes perseverantes, atentos por demás a las enseñanzas que les eran impartidas, pronto llegaron a la convicción de la evidencia del «hecho espiritista» y de la importancia de la Filosofía que de él se derivaba, tanto más cuanto que a las lecciones recibidas se fue añadiendo el testimonio de la mediumnidad verdadera, seria y sinceramente practicada.

En efecto, la madre de Gabriel Delanne llegó a ser en breve tiempo una médium escribiente (mecánica), en el seno del pequeño grupo familiar que su marido y ella habían formado a instancias de Allan Kardec, en su domicilio de París, calle Saint-Denis, en la casa de Baños San-Salvador.
Sus padres le educaron, en consecuencia, dentro de la enseñanza moral del Espiritismo.

La madre de Gabriel Delanne desencarnó en 1894. Su padre, Alexandre, le sobrevivió siete años; falleció el día 2 de marzo de 1901, a la edad de 71 años. Los despojos mortales de estos dos valerosos servidores del Espiritismo (que no escatimaron sus modestos recursos ni sus fuerzas para la causa espírita) reposan en la tumba de la familia, en Pére Lachaise, cerca de la de Allan Kardec. El hermano de Gabriel Delanne, Ernest, también profundamente espiritista y gran amigo de Leon Denis, desencarnó (1893) en Gray (Haute-Saone).

De la infancia a la edad madura

Así, pues, desde su infancia, Gabriel Delanne estuvo familiarizado con el vocabulario espiritista y asistió desde edad temprana a numerosas sesiones, a menudo de una gran calidad.

Gabriel y su hermano pudieron compartir a menudo las emociones de sus padres. Mientras la luz disminuía y su padre esperaba «lleno de ternura», la señora Delanne, con un lápiz en la mano, dejaba que el tránsito la invadiera suavemente.
Una noche, por la pluma de la Señora Delanne, el espíritu del cardenal Lambruschini escribió:

«Me preguntáis por qué me he opuesto a lo largo de mi vida a la publicación del libro de Charles Albert, a pesar de su talento. Porque combatía los abusos del clero del cual yo formaba parte; hoy me arrepiento y sufro por ello. Rogad por mí.»

Mme. Berthe Ducel, presidenta del Hogar Espiritista de Beziers, se complacía en recordar que Alexandre Delanne le había contado que su pequeño, a la edad de siete años, había sido interrogado un día sobre la religión de sus padres. Con encantadora ingenuidad, Gabriel Delanne había respondido:

«¿Papá? Él es espiritista y mamá también. Ella es además muy buena médium. Espero poder hacer un día, como ella, honor a mi fe.»

Este hecho nos permite pensar que Gabriel Delanne fue ya, en edad temprana, propagandista de las convicciones espiritualistas de sus padres entre sus compañeros de infancia, algunos de los cuales, más tarde, participaron de sus opiniones.

Allan Kardec visitaba a menudo la familia Delanne, hacia la cual sentía una viva amistad. Gabriel Delanne acababa de cumplir 12 años (23 de marzo de 1869), cuando el Maestro desencarnó (31 de marzo) desgastado por el trabajo, las inquietudes y las incomprensiones.
A Gabriel Delanne le gustaba recordar a ese hombre, que bajo benévola mirada le guió en su trabajo escolar y le instruyó, además, en tantas cosas. A tal efecto, no podemos olvidar que Hippolyte Leon Denizard Rivail, antes de ser Allan Kardec, fundador de la doctrina espiritista, fue un pedagogo eminente, discípulo del Maestro suizo Pestalozzi, que había publicado diversas obras pedagógicas, entre ellas una Gramática Francesa Clásica y un Curso Práctico y Teórico de Aritmética. Gabriel Delanne conservó filialmente el recuerdo del Maestro espiritista, que siempre enalteció en su obra escrita y hablada.

Gabriel Delanne fue alumno del colegio de Cluny (Saone-et-Loire); después, con su hermano Érnest, lo fue en el colegio de Gray (Haute-Saone), población donde vivía una de sus tías, cuñada de su padre.

Después del bachillerato de matemáticas, a los 19 años (noviembre de 1876), Gabriel Delanne ingresó en la Escuela Central de las Artes y Manufacturas. Pero al poco tiempo la situación material de sus padres no le permitió seguir sus estudios en esa Institución. Entonces entró a trabajar, como ingeniero, en la Compañía de Aire Comprimido y de Electricidad Popp, donde estuvo hasta 1892, compartiendo su tiempo entre su trabajo y su dedicación al servicio del Espiritismo.

Ya acostumbrado a frecuentar desde siempre el mundo del Espiritismo, en el año 1882 le hicieron responsable de una nueva asamblea fundada por Pierre-Gaétan Leymarie: la Federación Espiritista franco-belga.

También ejerció como redactor-jefe de la revista Le Spiritisme, tarea muy delicada para él porque era un censor muy severo, y no dudaba en desagradar a sus mejores amigos rechazando los artículos que le parecían discutibles desde el punto de vista científico.
Delanne llegó a convencer de estas ideas a buen número de sus contemporáneos. Uno de ellos, de muy buena situación económica, se convirtió en un generoso mecenas poniendo a su disposición una villa, y le pasó una renta para que pudiera dedicarse exclusivamente a la divulgación del Espiritismo, hasta su desencarnación.

Delanne no admitía la divinidad de Jesucristo, le consideraba un ser de una inteligencia excepcional, quizás un médium, y veneraba «su gran alma que había alcanzado la perfección moral». Sin embargo, Delanne era creyente, casi místico; todos los días rogaba a Dios, con el cual se sentía en íntima comunión en los momentos de meditación.

Deseaba extender sus ideas en los medios espiritistas, pero su trabajo le retenía en París. Dimitió pues, de la casa Popp en 1892, y entró como representante en una sociedad donde los espiritistas contaban con una gran simpatía. Esta nueva situación, bastante lucrativa, le permitió desplazarse a menudo por Francia, así como por Bélgica y el norte de África.
La preocupación de Delanne era situar al Espiritismo bajo el signo del realismo:

«El Espiritismo es una ciencia que tiene por objeto la demostración experimental de la existencia del alma y de su inmortalidad, por medio de comunicaciones de los que han sido impropiamente llamados muertos. Desde que se iniciaron las investigaciones sobre este tema, hace casi medio siglo, hombres de ciencia del más alto valor han consagrado largos años de estudio a constatar los hechos que están en la base de esta ciencia, y que han sido unánimes al afirmar la total autenticidad de estos fenómenos que parecían fruto de la superstición y del fanatismo.»

Su salud, su vejez, su desencarnación

Desgraciadamente, Gabriel Delanne no tuvo buena salud. Ya en 1890, durante la boda de su hermano Ernest, tuvo una predisposición a la ataxia. Se veía en su modo de andar. De niño ya había tenido un absceso en el ojo izquierdo (causa por la que quedó exento del servicio militar), lo cual hacía temer la afección que iría alcanzando progresivamente su vista.

En el curso de los años su estado de salud se fue agravando. En 1906, la parálisis de sus miembros inferiores le obligó a andar con dos bastones. No por ello abandonó su labor de conferenciante en Francia y en el extranjero, tarea a la que se entregó con admirable coraje.
En el período de la guerra de 1914-1918, la salud de Delanne fue empeorando. Cada movimiento era una fuente de sufrimiento indecible. Sin embargo, permaneció ejemplo vivo de resignación humana.

En 1918 efectuó con su familia un viaje por los alrededores de Marsella. Fue su último desplazamiento fuera de París. No podía andar y fue necesario el uso de un sillón-móvil para llevarlo del carruaje al tren.

No obstante sus sufrimientos, Gabriel Delanne (cuya memoria en cambio permanecía intacta y remarcable) continuó trabajando en la calma de la Villa Montmorency, en Auteil, donde Jean Meyer, desde el final de la guerra, le había dado cobijo.

Durante los últimos años de su vida, su prima Matilde Peley le conducía en una silla de ruedas. Después de varios años en este estado, quedó ciego. Su hija adoptiva Suzanne se consagró a él cuando Matilde desencarnó el 12 de octubre de 1925. Él tan sólo sobrevivió unos meses a la que fue su sacrificada compañera, que le cuidó con total abnegación durante más de treinta años.

Gabriel Delanne dio prueba de una gran modestia, de una extrema discreción en relación a sí mismo. Frente a su sufrimiento demostró un verdadero estoicismo. Enfermo, clavado en su sillón de dolor, encerrado en el silencio de la ceguera, se entregaba a la meditación, confiando en la ayuda de lo Invisible, el apoyo que le permitía no considerar la existencia terrestre como un martirio. Leon Denis y Jean Meyer conocieron la misma experiencia. También fueron dignos ante el dolor.

Desencarnó el día 15 de febrero de 1926, a las siete de la mañana. Es a Charles Andry-Bourgeois a quien, en la víspera de su último día terrenal, le confió: «¡Recordad, mi querido amigo, que Delanne no tiene miedo a la muerte!» Las exequias tuvieron lugar el día 18. Su cuerpo fue incinerado. Después de la incineración, las cenizas fueron colocadas en una urna que fue depositada en la tumba de la familia, en Pére Lachaise, próximo al dolmen de Allan Kardec.

Sus Obras

El Espiritismo ante la ciencia (1885).

El autor hace gala de una gran erudición, combatiendo el materialismo con argumentos que se apoyan más sobre las realidades del electromagnetismo que sobre los postulados del kardecismo. Intenta desmistificar tanto a los espíritus como a sus detractores.

El Fenómeno espiritista (1887).

Recoge en este libro los testimonios de científicos y personalidades importantes sobre los fenómenos paranormales.

La evolución anímica (1897).

Con consideraciones fisiológicas y biológicas, intenta establecer, sobre bases científicas, la hipótesis de la reencarnación y de la existencia del periespíritu.

La Reencarnación.
Investigaciones sobre la Mediumnidad

Estudio de los trabajos de los sabios. Escritura automática de los histéricos. Escritura mecánica. Los médiums. Pruebas absolutas de nuestras comunicaciones con el mundo de los espíritus.

El alma es inmortal.

Demostración experimental de la inmortalidad del alma. Esta obra, eminentemente científica, está dividida en cuatro partes: La observación; La experiencia; El Espiritismo y la Ciencia; Ensayo sobre las creaciones fluídicas por la voluntad. Por medio de numerosas experiencias el autor trata temas como: El desdoblamiento del ser humano; el cuerpo fluídico después de la muerte; fotografías y moldes de formas de espíritus desencarnados; estudio del Periespíritu; el Tiempo; el Espacio; la Materia primordial, etc.

Las apariciones materializadas de los vivos y de los muertos.

Obra en dos tomos, es una obra capital y clásica, profusamente documentada, monumento del espiritismo científico.

Katie King, historia de sus apariciones (1898).

Delanne escribió en el prefacio: «Los espectros ya no se aparecen a medianoche en los páramos desiertos ni en los castillos en ruinas; se aparecen en el laboratorio del hombre de ciencia para someterse a las condiciones del examen más riguroso.»

Apéndice

La revista espiritista La Luz del Porvenir, órgano por aquel entonces del Centro La Buena Nueva, de Barcelona (centro al cual perteneciera Amalia Domingo Soler), dedicó casi todo su número 160, de abril de 1926 (año XIV, 3ª época) a la publicación de algunos artículos, «como prueba de admiración al amigo, al luchador y al maestro».

Entre ellos, hemos seleccionado unas líneas del insigne filósofo espiritista español Quintín López Gómez (1864-1936):

Gabriel Delanne

Lumen, la revista hermana que dirige otro obrero infatigable, Quintín López Gómez, también flaco de salud, pero fuerte de espíritu, dedica al maestro las siguientes líneas, que vienen en lugar preferente:

«El día 15 del pasado febrero, a las siete, rindió su jornada este bravo luchador de la causa espírita, bien conocido en el mundo entero por sus obras, por la Revue Scientifique et Morale du Spiritisme, de la que era fundador y director, y por sus virtudes cívicas, acrisoladas por larga y dolorosa prueba.

»Trabamos relación con él hará cosa de veintiocho años, cuando era punto menos que imperdonable herejía hablar de la unidad substancial y cuando todo fenómeno psíquico tenía que ser, por necesidad, provocado por un espíritu. La discusión de estos temas fue lo que sirvió de aglutinante a nuestra naciente amistad, y la aglutinó de tal modo, tan sincera y tan inquebrantablemente, que siempre más la mantuvimos viva. Jamás olvidaremos el momento supremo en que, por primera vez, nos vimos y nos abrazamos; y mucho menos aquel otro en que, ya cumplida nuestra misión en la capital francesa, fuimos a darle otro abrazo en señal de despedida.

»Entre los espiritistas franceses, Delanne fue el primero que trató de concordar el Espiritismo con la Ciencia mediante sus tres obras El Espiritismo ante la Ciencia, El fenómeno espiritista y La Evolución anímica. Por aquel entonces, se recordaba que Kardec había dicho que el Espiritismo sería científico o no sería; pero distaba mucho de ser esa frase el símbolo de la idea. Antes al contrario: los espiritistas «morales» (léase «comunicacionistas» a todo trance) miraban con cierto desapego a los espiritistas «científicos», y no era raro ver en la prensa de los primeros su mal disimulado encono contra estos últimos. Los Congresos de París, Barcelona y Madrid contribuyeron mucho a limar esas asperezas. Hoy se ha incorporado ya al ideario la afirmación kardeciana; y si todavía existen rezagados que posponen la «ciencia» a la «moral», no hay ninguno que mire a la «ciencia» de reojo.

»Después de esta primera etapa de lucha intestina y sorda, Delanne, prosiguiendo su camino, publicó las obras Recherches sur la mediumnité; L’ame est immortelle; Les apparitions materialisées des vivains et des morts; Katie King; Les materialisations de Villa Carmen; Ecoutons les morts (en colaboración con Gaston Bourniquel) y La Réincarnation. Y le ha sorprendido la desencarnación teniendo entre manos la preparación de un nuevo libro, en el que estudiaba los fenómenos de ideoplastia (en colaboración con el ingeniero Andry Bourgeois).

»¡Salve, salve al incansable obrero! ¡Salve al apóstol meritísimo!
»Los que nos honramos ayer con su amistad, procuraremos honrarnos hoy y el resto de nuestra vida imitando su conducta.

»¡Delanne, inspíranos!»

La Luz del Porvenir.

acepeBiografía Gabriel Delanne