Biografía Alexandre Aksakof

Nació en Repievka (Rusia) el 27 de mayo de 1832, y desencarnó en San Petersburgo (ex-Leningrado) el 4 de enero de 1903. Alexandre Aksakof perteneció a una típica familia de la nobleza rusa. Fue consejero de Estado, doctor en Filosofía y consejero personal del Emperador Alejandro III, Zar de Rusia.

Tan pronto como obtuvo su diploma de doctor, se desenvolvió rápidamente por los tortuosos caminos que conducen al éxito en el ámbito del saber. Más tarde fue profesor en la Academia de Leipzig y director de la revista Estudios Psíquicos, editada en Alemania.

En 1891 publicó en Moscú la revista de estudios psíquicos Rebus, la primera de su género en Rusia.

Después de largos años de preocupaciones de orden espiritual y social, Aksakof, todavía joven, se orientó hacia una vía de percepción diferente, demostrando sus cualidades de investigador serio y meticuloso para las cosas referentes al alma y al mundo de los espíritus.

Doctor en Filosofía, Aksakof sostuvo una viva polémica con el filósofo alemán Eduard von Hartmann, en la que refutó, con innegable superioridad científica y a través de demostraciones incontestables, las explicaciones del sabio alemán acerca de los fenómenos espíritas, el cual pretendía darles una explicación meramente biológica.

Aksakof realizó numerosas experiencias y observaciones científicas, y llevó a cabo trabajos valerosos e inéditos; trabajos enmarcados dentro del dominio del Espiritismo experimental, los cuales fueron posibles en gran parte gracias a la inestimable colaboración de la médium Eusapia Paladino.
Gracias a estas experiencias, publicó en Alemania su libro Animismo y Espiritismo, en dos volúmenes. Se trata de una obra de importancia capital, como las hay pocas en el mundo. Participó en numerosas experiencias e investigaciones con destacados médiums.

Cabe destacar su informe dirigido a la «Comisión de Profesores», que se reunieron en Milán (Italia) en 1892, a fin de atestiguar «la veracidad de los fenómenos observados en la oscuridad», tomando en consideración las apreciaciones del no menos famoso criminólogo Cesare Lombroso, el cual confesó a esta Comisión «su honestidad y su compasión hacia sus actitudes anteriores», según carta dirigida al profesor Ernest Giolfi.

En esta Comisión de profesores participaron Alexandre Aksakof, profesor de la Academia de Leipzig, director de la revista Estudios Psíquicos y consejero de su majestad el Emperador de Rusia; Giovanni Schiaparelli, director del Observatorio astronómico de Milán; Carl du Prel, doctor en Filosofía en Munich; Angelo Brofferio, profesor de filosofía; Giuseppe Gerosa, profesor de Física en la Escuela Real Superior de Agricultura de Porcini; G.M. Ermacora, profesor de física; Giorgio Finzi, profesor de física; el profesor Chiaia; Charles Richet, profesor en la Facultad de Medicina de París, y director de la Revue Scientifique; y Cesare Lombroso, célebre criminólogo italiano.

Algunos años después, con la colaboración de las médiums Eusapia Paladino, Elisabeth d’Espérance y Politi, Lombroso expuso definitivamente el resultado de sus observaciones con esas nuevas experiencias realizadas.

El libro de Aksakof Animismo y Espiritismo fue escrito como respuesta a un folleto sobre el Espiritismo publicado en 1855 por el célebre filósofo alemán Eduard von Hartmann, sucesor de Schopenhauer. La primera edición original en alemán fue publicada en Leipzig en 1890, lo que obligó al doctor von Hartmann a hacer una réplica en 1891 titulada La hipótesis de los espíritus y los fantasmas, donde persistía con insistencia sobre los argumentos que ya fueron rebatidos. En esta ocasión fue el sabio Carl du Prel quien se encargó de continuar con este adversario la polémica que Aksakof, desafortunadamente, no pudo mantener a causa de su delicado estado de salud.

En el prefacio de su obra principal citada anteriormente, Aksakof excribe:

«No puedo hacer más que afirmar públicamente que he visto, comprendido y sentido; y cuando centenares, millares de personas afirman la misma cosa acerca de estos fenómenos, a pesar de la infinita variedad de particularidades, la fe en este tipo de fenómenos se impone.
»Por tanto, no puedo lamentarme de haber dedicado mi vida a la consecución de este fin, aunque haya sido inducido a ello por voces impopulares e ilusorias, según la ciencia ortodoxa, pero que yo bien sé que son más reales que esta ciencia. Y si he tenido éxito, por mi parte, al aportar aunque sólo sea una piedra al levantamiento del templo del Espíritu (que la Humanidad, fiel a su voz interior, edifica con tanto trabajo a través de los siglos), esa será para mí la única y más alta recompensa a que puedo aspirar.

»Mas siempre creo obtener la misma respuesta: para emplear una existencia terrestre, no puede haber tarea más elevada que la de probar la naturaleza trascendente del ser humano, llamado a un destino mucho más sublime que la existencia física.
»Unas palabras más: al final de mi vida, de alguna manera me pregunto si verdaderamente he hecho bien al consagrar tanto tiempo, trabajo y esfuerzo al estudio y la propagación de todos estos fenómenos. ¿No habré equivocado el camino? ¿Habré estado persiguiendo una ilusión? ¿Habré sacrificado toda una existencia sin que nada justifique o retribuya las penas que ha comportado?
»Hasta aquí, éstos no son más que los túmulos plantados a lo largo del camino, que un futuro, quizás muy lejano, sustituirá por columnas de granito.
»Así, yo no vengo a afirmar con insistencia que cada uno de los hechos que relato se haya producido exactamente tal como se describe (ya que no existe caso alguno que no se preste a la objeción), mas insisto sobre el tipo de hecho, es decir, la esencia. Sé que existe, y esto me basta para admitir las variantes. Véanse los hechos de telepatía probados y coleccionados con tanto celo por los infatigables trabajadores de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Londres. ¿Han convencido a la masa? En absoluto, y todavía menos a la ciencia. Les hace falta tiempo, como les ha hecho falta para el hipnotismo, y para los hechos que relato en este libro, hará falta todavía más.»

El Espiritismo debe mucho a Alexandre Aksakof por su preciosa contribución a la demostración de la realidad de los fenómenos espíritas. Aquél que lea la obra Animismo y Espiritismo verá la importancia del trabajo realizado por este célebre sabio, que ha dedicado toda su existencia terrestre a demostrar que algo existe más allá de la materia y a demostrar la supervivencia del alma.

Pierre Gaétan Leymarie, contemporáneo y sucesor al mismo tiempo de la obra de Allan Kardec, escribió a propósito de esta obra:

«Conforme a un acuerdo con el Sr. Alexandre Aksakof, he asumido la responsabilidad de publicar en lengua francesa su obra, conocida en el extranjero con el nombre de Animismus und Spiritismus. El filósofo bávaro Carl du Prel me ha recomendado esta obra como imprescindible para todo investigador concienzudo; soy de la misma opinión.»

Terminemos refiriéndonos a una expresión que este hombre honesto gustaba de repetir:

«No existe mejor empleo de la vida que tratar de probar la naturaleza trascendente de la existencia humana.»

Aksakof consagró su existencia a difundir el Espiritismo. En el último año de su existencia, paralítico y ciego, dedicó las pocas fuerzas que le quedaban a propagar la Ciencia Espírita.

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